A veces uno quiere leer tranquilamente a pesar del ruido que le rodea, y es cierto que en ocasiones consigue mantener la serenidad y concentración suficientes para aislarse del mundanal ruido. Pero otras veces es prácticamente imposible y es necesario alzar la voz y decir que así no se puede, que si no se baja el tono de voz no hay nadie que se concentre.
Pues lo mismo en el tono político para este país. Principalmente en el tono mediático. Hoy por hoy no se puede leer con tranquilidad ningún texto sin cargar la escopeta de los prejuicios. Y al final todo es ruido, ruido y más que ruido. De manera que alzo mi voz, no para meter más ruido, sino para llamar al orden, sin imponer ninguno en concreto, tan sólo la educación y el buen gusto. Y lo hago saliéndome de la trinchera, siendo blanco fácil para cualquier francotirador de la red. No importa porque se trata de que nos veamos todos, sin disparar, sin ruido.
Espero que nos juntemos unos cuantos que podamos mantener una conversación sosegada, sin prejuicios, sobre los temas que atañen a este país tan cicatrizado por trincheras que más que una piel de toro parece una piel de estos balones antiguos, hechos a base de retazos de cuero remedados.